nathalia tortora

El pintor de los degollados

Ese, doctora, es el sonido de un reo intentando quitarse la vida al golpear su cabeza contra el muro.
Pero no debe preocuparse por ello. Nuestros hombres no le permitirán lograr su cometido;
lo detendrán poco antes que pierda la conciencia. Después de todo,
no podemos dejar que estos asesinos tomen la salida fácil, ¿no es cierto?
Sus crímenes contra la humanidad han causado demasiado dolor como para permitirles morir.
Su castigo es permanecer aquí por el resto de sus vidas, condenados a la soledad y la locura.

Sí, sé que debe creer que nosotros somos peores que nuestros prisioneros,
pero le aseguro, doctora, que luego de un par de sesiones con su nuevo paciente,
cambiará de opinión. Todos lo hacen.

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